De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), los nuevos patrones alimentarios presentes en Sudamérica contribuyen al aumento acelerado de enfermedades crónicas no transmisibles, tales como enfermedades cardiovasculares, diabetes y algunos tipos de cáncer. En comparación con la dieta presente hace 60 años atrás, hoy las carnes y lácteos tienen mayor presencia en el plato, en detrimento del consumo de tubérculos y leguminosas. Además, la región sudamericana se caracteriza por presentar un elevado consumo de productos procesados; a nivel mundial, Chile se ubica en el séptimo lugar, y alcanza el segundo puesto en el ranking regional de ventas minoristas de productos altamente procesados.
Los determinantes dietarios que se han asociado a mayor riesgo de mortalidad cardiovascular incluyen alimentos procesados, carnes rojas, carnes procesadas (embutidos), granos refinados, frituras y dulces. Esto implica un bajo aporte de fibra y micronutrientes esenciales y un sobreconsumo de calorías, grasas saturadas y azúcares. Por otro lado, se ha identificado que una dieta basada en frutas, verduras, granos enteros, legumbres y, opcionalmente, pescado, se asocia a un menos riesgo de mortalidad cardiovascular.
La alimentación basada en plantas corresponde a un tipo de alimentación enfocado en alimentos vegetales mínimamente procesados como frutas, vegetales, granos enteros, legumbres, frutos secos, semillas, hierbas y especias. Su principal investigador es el bioquímico Thomas Colin Campbell, quien propone este tipo de alimentación como un estilo de vida a largo plazo para la prevención y tratamiento de la gran mayoría de las enfermedades crónicas más prevalentes a nivel mundial.